¿Qué son las bombas de racimo? ¿Quién las está usando en la Guerra de Irán? ¿Por qué son tan peligrosas?

Este tipo de armamento está prohibido por más de cien países por el elevado riesgo que genera para la población civil. Israel asegura que Teherán las está lanzando contra su territorio
 
MUNDIALESEl jueves FUENTE EXTERNA

96Israel acusa a Irán de usar bombas de racimo en los ataques de este jueves contra el centro y el sur del país

Las bombas de racimo que se cree que Irán está usando contra Israel han estado durante décadas en el punto de mira de organizaciones promotoras de los derechos humanos y defensores del control de armas, que consideran que deberían ser ilegales por el gran peligro que entrañan para la población civil. El artefacto explosivo está prohibido en más de cien países y ya lo han usado en la guerra en Ucrania tanto tropas rusas como ucranianas, y ha provocado la muerte de civiles y serias heridas a los supervivientes.

Israel cree que alrededor del 50% de los misiles balísticos iraníes disparados contra su territorio están armados con este tipo de bombas, diseñadas para dispersar varias decenas de submuniciones sobre un radio que puede llegar a alcanzar 10 kilómetros al ser detonadas, según el recuento que han cabo las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a partir de los restos caídos en su suelo desde que comenzó la operación israelo-estadounidense. Cada submunición está hecha de acero y lleva una carga explosiva de entre 3 y 20 kilos. Algunos misiles de mayor tamaño, como el iraní 'Khorramshahr', pueden llegar a dispersar alrededor de 80 de estas bombas.

Qué son las bombas de racimo

Las bombas de racimo se utilizaron por primera vez en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Fueron diseñadas para destruir múltiples objetivos militares dispersos, como formaciones de tanques o infantería, y causar la muerte o lesiones a los combatientes. En concreto, consisten en un contenedor que se abre en el aire y dispersa una gran cantidad de submuniciones explosivas o «bombetas» sobre un área amplia, que puede llegar a ser de un radio de entre 200 y 400 metros. Algunos modelos pueden liberar más de 600 submuniciones que están diseñadas para estallar al impactar contra el suelo, aunque algunas no detonan y se quedan enterradas. Esas «bombetas» que se quedan en el suelo pueden suponer un peligro para la población civil que es comparable a las minas terrestres, ya que pueden estallar años después cuando un civil pasa por el área, provocándole la muerte o graves heridas, según el Comité Internacional de la Cruz Roja. Estas municiones que se quedan enterradas podrían poner incluso en peligro la vida de las fuerzas ucranianas a medida que vuelven a los territorios recuperados.

Quién las ha usado

Human Rights Watch (HRW) asegura que tanto Rusia como Ucrania han utilizado ese tipo de armamento en la guerra en Ucrania, pero asegura que Moscú lo usa de manera más frecuente que Kiev. Estos días también se ha informado de que ataques con misiles balísticos iraníes (presuntamente modelos de la familia Shahab o Fateh) equipados con cabezas de racimo han sido lanzados hacia bases militares en el desierto del Néguev y zonas del norte de Israel. La Agencia EFE y analistas de AFP han señalado que el uso de estas armas busca saturar los sistemas de defensa antiaérea como el Escudo de Hierro (Iron Dome), lanzando cientos de submuniciones simultáneas para dificultar su interceptación completa.

¿Por qué están prohibidas?

Su naturaleza indiscriminada y sus riesgos para los civiles han generado un amplio rechazo de la comunidad internacional a su uso. En 2008 se adoptó la Convención sobre Municiones en Racimo, un tratado internacional para prohibir el uso y la fabricación de bombas de racimo, que entró en vigor en 2010 al alcanzarse el mínimo de 30 ratificaciones necesarias. Según el texto, los restos de este tipo de bombas «matan y mutilan a civiles, incluidos mujeres y niños», «impiden la rehabilitación y reconstrucción posconflicto» y «atrasan o impiden el retorno de refugiados», entre otras cosas. Hasta ahora, 123 países han ratificado o al menos firmado la Convención, entre ellos varios miembros de la OTAN como el Reino Unido, Francia, Alemania y España. En el momento de su entrada en vigor, en 2010, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo que este nuevo instrumento suponía un «paso adelante para el desarme global», recogió entonces la cadena BBC. Sin embargo, las principales potencias militares, como Estados Unidos, Rusia y China, no han firmado el acuerdo, como tampoco lo han hecho países como Ucrania, Israel, Pakistán o la India

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