Corea del Sur rompe con la tradición: acaba de ordenar al primer monje robot de la historia milenaria del budismo

Corea del Sur ordena a Gabi, el primer monje robot con votos dictados por IA, desafiando los límites de la fe y superando cualquier distopía.
MUNDIALES08 de mayo de 2026 FUENTE EXTERNA

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El avance de la robótica es cada vez más rápido, pero también más impactante. Lo que ha ocurrido en Seúl esta semana no es solo una anécdota tecnológica, sino algo que podría haber salido de los guiones de Charlie Brooker para Black Mirror.

Corea del Sur, ese país que a veces parece que vive en el año 2050, acaba de ordenar como monje budista a un robot humanoide. Su nombre es Gabi. Mide 1,30 metros.

Y no, no es un juguete, ni una campaña de marketing de una empresa de Silicon Valley buscando notoriedad. Es un discípulo oficial de la Orden Jogye, el corazón del budismo coreano.

El ritual de lo humano y lo inhumano

La escena en el templo de Jogyesa fue algo, literalmente, nunca visto. Una unidad Unitree G1, uno de los modelos robóticos de última generación, apareció vestida con el gasa, el hábito tradicional de tonos grises y marrones.

Gabi no estaba allí como un observador. Estaba allí para recibir los preceptos. Hubo una ceremonia de ordenación completa, con sus reverencias, sus cánticos y su liturgia.

Incluso el ritual del yeondabi, la marca de incienso en la piel que simboliza la purificación, tuvo que ser adaptado para la ocasión: como el fuego y los circuitos no suelen llevarse bien, le colocaron una pegatina simbólica.

Lo que resulta fascinante es la seriedad con la que se ha gestionado la identidad de esta máquina. Gabi tiene nombre de Dharma. Tiene estatus. Y, sobre todo, tiene un código de conducta que redefine lo que entendemos por moralidad artificial.

Los cinco preceptos del robot budista

Cualquier monje budista debe jurar respetar cinco preceptos básicos. Pero claro, Gabi no tiene sangre, ni deseos carnales, ni puede emborracharse con soju en una noche de debilidad.

Así que la Orden Jogye, en un alarde de pragmatismo digital, decidió consultar a ChatGPT y Gemini para redactar los votos de este nuevo monje. Una inteligencia artificial ha dictado las leyes morales de otra inteligencia artificial bajo el paraguas de una religión milenaria.

Los preceptos de Gabi son una mezcla fascinante entre las Leyes de la Robótica de Asimov y el camino a la iluminación. Debe respetar la vida, no debe dañar a otros robots ni objetos, debe obedecer a los humanos, evitar comportamientos engañosos y debe economizar energía.

En el fondo, la iluminación de Gabi no consiste en alcanzar el Nirvana, sino en optimizar sus ciclos de carga y mantener su firmware actualizado para no generar conflicto con su entorno.

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