
Kilmar Ábrego seguirá encarcelado mientras un tribunal decide sobre su posible deportación

Nashville (EE.UU.) - Kilmar Ábrego García, el migrante que pasó más de dos meses detenido en El Salvador tras ser deportado por un «error administrativo», permanecerá encarcelado en Tenneessee mientras un tribunal analiza el riesgo de que sea deportado «precipitadamente» si es trasladado a las autoridades migratorias.
Ábrego enfrenta en Tennessee un proceso judicial por presuntamente transportar a personas indocumentadas dentro del país.
El Gobierno de Donald Trump presentó el caso poco después de traer de vuelta al salvadoreño a EE.UU., en medio presiones por parte del Judicial para que «facilitara» su regreso.
La jueza Barbara Holmes ordenó la semana pasada su liberación mientras se decidía su caso, alegando que el hombre no presentaba un riesgo para la sociedad y que no existía riesgo de fuga.
Esta decisión, sin embargo, es limitada, ya que Holmes indicó que Ábrego pasaría «probablemente» a custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) una vez sea excarcelado.
Durante una audiencia este miércoles por la tarde en la corte para el distrito medio de Tennessee, en el centro de Nashville, la jueza alargó la detención de Ábrego mientras examina la posibilidad de que el salvadoreño sea deportado rápidamente si pasa a manos de ICE y lo que eso implica para su proceso en EE.UU.
Cooperación entre agencias en duda
Los abogados del Departamento de Justicia alegaron que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) es una «agencia independiente» y que no pueden garantizar dónde estará Ábrego una vez pase a su custodia.
«Intentaremos seguir las órdenes de la corte lo más que podamos, pero tenemos limitaciones», indicó uno de los abogados del Gobierno a la magistrada.
El equipo legal de Ábrego, por su parte, cuestionó estos argumentos señalando que sí existe cooperación entre ambas agencias.
La jueza puso una fecha límite hasta este jueves al mediodía para que las partes presenten sus respuestas a esta cuestión.
Durante la audiencia, la segunda desde que volvió a territorio estadounidense, Ábrego estuvo sentado frente a la jueza, en el lado derecho de la corte, con un uniforme carcelario rojo, una gorra negra y usando audífonos de traducción simultánea.
Su esposa, Jennifer González, lo observó desde el primer banco de la sala, rodeada de activistas y familiares.


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